Tecnología

¿Los robots nos van a quitar el trabajo?

Mayo 22, 2018

En enero se inauguró una nueva clase de tienda de conveniencia en el sótano de la sede de Amazon en Seattle. Los clientes entran, escanean sus teléfonos, eligen lo que quieren de las estanterías y se van de nuevo. En Amazon Go no hay cajas ni cajeros. En su lugar, es lo que el gigante de la tecnología llama “simplemente salir de compras”, hecho posible por una nueva generación de máquinas que pueden detectar qué cliente es qué y qué están eligiendo de las estanterías. En un minuto o dos después de que el comprador sale de la tienda, aparece un recibo en su teléfono por los artículos que ha comprado.

Esta es la forma de las cosas que vienen en la venta al por menor de alimentos. El cambio tecnológico está ocurriendo rápidamente y tiene ramificaciones económicas, sociales y éticas. Amazon Go tiene un inconveniente, aunque los consumidores se benefician de precios más bajos y no pierden tiempo en las colas. La tienda sólo está abierta a compradores que puedan descargar una aplicación en su smartphone, lo que descarta a los que dependen de los cupones de alimentos de bienestar. La vigilancia constante significa que no hay robos en las tiendas, pero tiene un olor a Gran Hermano.

Cómo avanza la tecnología en todos los ámbitos

El cambio siempre es perturbador, pero la agitación que puede producirse como resultado de la próxima ola de automatización será especialmente marcada. Los coches sin conductor, por ejemplo, son posibles porque las máquinas inteligentes pueden sentir y tener conversaciones entre sí. Pueden hacer cosas – o eventualmente podrán hacer cosas – que alguna vez fueron exclusivas de los humanos. Esto significa un mayor crecimiento, pero también el riesgo de que los propietarios de las máquinas se enriquezcan cada vez más, mientras que los desplazados se enfurecen cada vez más.

La experiencia de las pasadas revoluciones industriales sugiere que resistirse al cambio tecnológico es inútil. Tampoco, dado que la automatización ofrece algunos beneficios tangibles -en la movilidad de las personas mayores y en la asistencia sanitaria, por ejemplo- es la respuesta más inteligente.

Un impuesto sobre los robots -un impuesto que las empresas pagarían si las máquinas sustituyeran a los seres humanos- ralentizaría el ritmo de la automatización haciendo que las máquinas fueran más caras, pero esto también tiene costes, especialmente para un país como Gran Bretaña, que tiene un problema con la baja inversión, la baja productividad y una base industrial reducida.

Aumento del uso de robots para trabajar

El Reino Unido tiene 33 unidades robóticas por cada 10.000 trabajadores, en comparación con 93 en EE.UU. y 213 en Japón, lo que sugiere la necesidad de más automatización, no menos. En el lado positivo, el Reino Unido tiene más pequeñas y medianas empresas de inteligencia artificial que Alemania o Francia. Penalizar a estas empresas con un impuesto robotizado no parece una buena idea.

El gran problema no es si los robots vienen, porque vienen. Ni siquiera es si impulsarán el crecimiento, porque lo harán. Según algunas estimaciones, la economía del Reino Unido será un 10% mayor en 2030 como resultado únicamente de la inteligencia artificial. La cuestión no es la producción, sino la distribución, de si existe una solución al estilo escandinavo para los retos de la era de las máquinas.